REGIÓN

UPA explica cómo afecta el cambio climático en la región

El secretario general de UPA Castilla-La Mancha, Julián Morcillo, ha intervenido en el XIII Congreso Nacional de Medio Ambiente, CONAMA 2016, que estos días se celebra en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid. Morcillo ha ofrecido una ponencia sobre las Experiencias frente al cambio climático en Castilla-La Mancha, además ha explicado que el cambio climático es una realidad que se siente y se sufre especialmente en la agricultura y la ganadería castellano-manchegas.

Según ha afirmado el progreso sostenible del medio rural dependerá de la adaptación al calentamiento global que “realicemos desde el sector primario. Nuestra organización es consciente de este fenómeno, y que debemos prepararnos para una nueva realidad que cambiará la producción de alimentos en el mundo entero”. Representa uno de los retos ambientales con efectos sobre la economía y el bienestar social, conscientes de que los efectos del cambio climático variarán de unas zonas a otras y afectarán a unos sectores más que a otros”.

El secretario general de UPA CLM ha dicho que “el incremento de las temperaturas y los cambios en las precipitaciones y en la frecuencia de los fenómenos extremos afectarán al volumen, la calidad y la estabilidad de la producción de alimentos”. Si nos atenemos a estudios europeos, “podríamos tener una reducción en los rendimientos de las cosechas de hasta un 30 %”. Consecuencias más que negativas y perjudiciales, entre otros, para los sistemas de pastoreo extensivos. Sin olvidar que debido a los inviernos cada vez más templados, habrá un mayor riesgo de heladas tardías que perjudicarán a los sectores frutícola y vitícola.

Para UPA es importante el aspecto de las explotaciones: “El grado de vulnerabilidad será diferente en base a las propias características de las explotaciones, como el tipo de producción, el tamaño de la explotación y su nivel de intensidad. También varía en función de la situación socioeconómica general, teniendo en cuenta que los agricultores de recursos limitados o residentes en zonas rurales aisladas son más vulnerables. Todas estas amenazas, desgraciadamente, ya se están empezando a notar en la actividad diaria de nuestros agricultores y ganaderos”.

Así las cosas, UPA afirma que  en la región de las 500.000 hectáreas de riego, 400.000 son de recursos subterráneos. “Cuando en algunos acuíferos utilizamos sólo el  30 % de nuestros derechos legales ya estamos contribuyendo 95% sistemas de riego transformados a riegos más eficientes”. Morcillo ha destacado que se están aprovechando restos de poda, biomasa, hueso de aceituna, entre otros. “Se están haciendo cosas, pero queda mucho por hacer y hay que tener un plan de actuación claro”.

El sector agrario se tiene que adaptar, las adaptaciones podrían venir desde la mejora de la gestión del suelo, el refuerzo de la capacidad de retención de agua a fin de conservar su humedad, utilizando también la rotación de cosechas o el uso del agua con mayor eficacia, disminuyendo las pérdidas, mejorando las prácticas de regadío y reciclando o almacenando el agua, ha explicado el secretario general de UPA en la región.

Por otra parte, habría que adaptar los cultivos gracias a la diversidad genética existente, y escoger cultivos y variedades mejor adaptados a la duración esperada de la temporada vegetativa y a la disponibilidad de agua; más resistentes a las nuevas temperaturas. Así como otras medidas: ajustar el calendario de los trabajos agrícolas, introducir razas de ganado más resistentes al calor y adaptar los patrones de la dieta del ganado.

Julián Morcillo ha incidido en que el sector agrario es un sector “estratégico” y debe tener un Plan de Adaptación específico, con plena participación de los interlocutores sociales. Debe identificar las zonas y sectores vulnerables, evaluar las necesidades y posibilidades de cambiar cultivos y variedades como respuesta a la evolución del clima. También debe contar con una línea específica de I+D+i de ayuda a la investigación agraria y a la producción experimental destinada a la selección de cultivos y al desarrollo de las variedades mejor adaptadas a la nuevas condiciones. Sin olvidar la agricultura ecológica que debe ser fomentada de manera especial dada su especial contribución en esta materia. También los mercados locales y de proximidad tienen que tener un trato prioritario.

Pero uno de los aspectos imprescindibles es la mejora de la eficiencia de las infraestructuras de regadío y las tecnologías de uso del agua, así como la gestión de los recursos hídricos. Así como el desarrollo de instrumentos de gestión de los riesgos y de las crisis para hacer frente a las consecuencias económicas de los fenómenos de origen climático, “que no supongan agravios para la agricultura familiar. Y por supuesto dotar al plan de acciones correspondientes a la sensibilización, información, formación y asesoramiento necesarias”.

Como conclusión, Julián Morcillo ha destacado que UPA “apuesta por una agricultura de carácter familiar” que “se fundamente en un desarrollo sostenible desde su faceta económica, social y medioambiental” y que “contribuya tanto a la mitigación de sus efectos como a la adaptación a dicho cambio, pero contando con el necesario y debido apoyo de la sociedad por medio de las respectivas administraciones y a través de instrumentos que valoricen las externalidades que ejercen nuestros agricultores y ganaderos”.